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EL PRIMER ADVENIMIENTO GRANDIOSO Y BUENO QUE ME SUCEDE EN MI VIDA.
CONOZCO A MARGARITA, LA QUE DESPUES FUE MI ESPOSA Y COMPAÑERA DURANTE 27 AÑOS.
Solo tengo buenos recuerdos de ella. Para mí fué un bien venido del cielo. Es como si de pronto Dios hubiese dicho ¡bueno, a este ya le he afectado bastante, algo bueno debo darle!. Estos años fueron maravillosos (dentro de los pequeños reveses que dá la vida). Vamos a empezar por el principio.
Desde el día que nos conocimos en el baile, empezamos a coincidir en todo. Recuerdo que aquél día estuvimos bailando toda la velada tarde-noche. Pero lo que si sé es que ni nos enteramos de lo que tocaban, pues tuvimos una charla tan interesante que no nos dábamos cuenta de si empezaba el baile o terminaba.Creo que los dos disfrutábamos con el diálogo. Como es normal en estos casos al final la acompañé a la parada del autobús que tenía que llevarla a Arbucies, donde vivía con sus padres y hermanos.
Recuerdo un hecho muy irónico que si no me hago pesado me gustaría relatar. Cuando ya estaba llegando el autobús, le pregunté si vendría a bailar en la verbena de San Pedro y me dijo que no. Que su padre no le permitiría venir de noche. Sin embargo yo le dije, mira: te doy el teléfono y si te decides me llamas y quedamos en donde tu digas. En aquél momento no tenía papel alguno para anotárselo, solo tenía bolígrafo. Hurgando en mis bolsillos al final encontré un folleto propaganda de un Nitgh Club de Barcelona llamado New York, en el cual habíamos estado de paso el domingo anterior con los amigos. Pues bien, se lo anoté allí. Se lo pone en el monedero sin mirarlo y sube al autobús. "Madre mía", vaya error que cometí. Cuando llega a su casa y se dá cuenta de la clase de sitio que yo frecuentaba se le pusieron los pelos de punta. Exclamó:¡vaya pinta que me he encontrado!. Ella no sabía que era la primera vez que había acudido y no me gustó aquél ambiente tan bajo y vasto. No era para mí, pero le dí una impresión muy deteriorada de mi persona.
Sin embargo nos fuimos viendo cada domingo. Llegó un momento que ya no acudíamos al baile; nos sentábamos en alguna cafetería y pasábamos la tarde hablando y dialogando de diversos temas, pero nunca se agotaban. Tanto ella como yo, se puede decir que lo disfrutábamos al máximo.
Posteriormente me confesó que el primer día que trató conmigo se asustó. Sintió algo en su interior que le decía que yo sería el escogido, después de tantos y tantos pretendientes como le habían salido. No me extraña. Era muy bonita, elegante y se comportaba con una educación y un "savoir faire" que yo nunca encontré en ninguna otra mujer. A la fuerza debían de haberle salido muchas posibilidades casamenteras. Tenía 26 años y yo 38. Había mucha diferencia de edad, pero por lo visto, esto a ella no le importaba. Seguimos una temporada con lo mismo, hasta que de pronto ella no acude más a Granollers. Yo estaba intranquilo. Pensaba: ¿qué le habrá sucedido?. ¿Habrás hecho o dicho algún inconveniente que no le haya gustado?. Preguntaba por ella a sus amigas, pero éstas me contestaban con evasivas. Resumiendo, que me tenía preocupado, sin saber qué hacer. No tenía el teléfono y no sabía como contactar con ella. Transcurridas unas cuantas semanas, vuelve a presentarse y me entero que está en otra sala de baile. Me persono allí, hablo y bailo con ella y volvemos a empezar de nuevo. Hasta mucho más tarde no me enteré de lo que había pasado. Resulta que al darse cuenta que su amor iba creciendo más rápidamente de lo que correspondía, paró el carro y dejó transcurrir estas semanas para profundizar y saber si de verdad era lo que en su interior ella deseaba.
Las cosas iban tomaban un cariz más serio. Llamadas telefónicas mías, cartas y más entrevistas domingueras (téngase en cuenta que Arbucies está a 70 km. de Granollers), hasta que ya parecía una cosa bastante formalizada, aunque sin ser oficial.
Aquí fué donde empezaron mis problemas serios.Cuando las cosas se iban formalizando entre nosotros, empezaron mis zozobras, preocupaciones y dudas. ¿El problema?. El mismo de siempre. "LA DICHOSA DULCINEA". ¿como le digo yo a esta mujer que soy diabético?. ¿Como va a reaccionar?. ¿Qué me dirá?. ¿Manifestará su enfado por no habérselo comentado antes?. No lo sabía. La sola alternativa de tener que decíselo me ponía muy nervioso. Yo siempre creí que era como un "ser inferior" en este aspecto. No podía entrar en mi cabeza que una chica pudiera conformarse, casándose con un enfermo crónico como yo. Aunque me desenvolvía con toda normalidad igual que cualquier otro mortal, pero existía el problema y había que tratarlo, antes de que las cosas fueran a más. La verdad es que no sabía como hacerlo. Y empezaba a decirme que debía ir a su casa para formalizar nuestras relaciones.(En aquél tiempo ésta era la costumbre, debía realizarse una petición de mano a los padres de la novia).
¡Qué mal trago pasé el día en que decidí notificárselo!. Al salir del baile, con el coche, dije que ya la llevaría yo a Arbucies. Salimos y cuando ya habíamos corrido unos cuantos kilómetros, paro el coche y ella sorprendida, dice:¿qué haces?. Yo le contesto, nada, que tengo que hablar contigo muy seriamente y no sé como hacerlo. Dijo: ¿que pasa, es que te has cansado ya de mí o pasa alguna otra cosa más seria?. Así pasé dudando durante media hora, pues no sabía como arrancar. Al final me decido y le digo: Supongo que con lo que voy a comunicarte, aquí va a terminar toda nuestra relación, pero tengo que hacerlo. No puedo pasar más tiempo ocultándote una verdad como un templo. SOY DIABETICO. El coche me quedaba estrecho, no sabía como reaccionaría y yo estaba helado esperando su contestación. SORPRESA, SORPRESA: me dice: ¡ha esto¡, ya hace meses que lo sé. ""Mecachis la mar". ¿Y por qué no me lo dijiste?. Con lo mal que lo he pasado todo este tiempo y resulta que ya lo sabías. Me dice: Esperaba a ver si eras lo suficiente noble y me lo decías tú. Ahora me doy cuenta que sí que lo eres. Me quedé tan descansado, tal relajado que no sabía como reaccionar. Creo que esta situación me llevó y me ayudó a que la decisión de concretar nuestro compromiso fuera mucho más firme. ¡Como no iba a serlo si éste era el escollo más difícil que veía yo en nuestra relación!. Allí mismo se hicieron más planes y se tomaron decisiones importantes para nuestro futuro.
Quiero resaltar el hecho de la clase de familia con la cual me iba a emparentar. Si ella era buena, sus padres eran excelentes en todos los aspectos. Eran muy religiosos. Pero aparte, tenían un corazón de oro. Deseo comentar el hecho principal de la primera reacción de su padre, cuando se lo comunicó. Su padre estaba leyendo el periódico, sentado en una silla del comedor. Ella le dice: Padre, resulta que salgo con un chico de Lliçá d’Amunt (cerca de Granollers), que me gusta y queremos formalizar nuestras relaciones. Hay un inconveniente sin importancia. El padre pregunta ¿ qué clase de inconveniente? y ella contesta: Es Diabético y tiene que hacer régimen y darse insulina, pero está muy bien de salud y a mí me gusta. El padre, sin levantar la vista del periódico dice: muy bien, pues ¡cúidalo bien! que seguramente te va a necesitar. La verdad es que aún se me humedecen los ojos cuando lo escribo. Me llegó al alma cuando ella me lo contó. Debo decir aquí y confesar que a pesar de haberme portado bien con ellos a lo largo de 27 años, creo que se merecían algo mejor. Me quedan resquicios de que podía haberlos pagado con una moneda mejor de lo que lo hice, sin embargo creo que ellos ya estaban satisfechos conmigo.
Nuestras relaciones formales empezaron aproximadamente en enero. Mi padre comenzaba a encontrarse mal. Recuerdo que ella vino a comer a mi casa a principios de este mes. Le gustaron mis padres (sobretodo mi padre). Mi madre no tanto pero ella lo aceptaba. Tenía un sentido fantástico en querer a las personas y natural en ella aceptar a cada una tal como es.
Mi padre sigue mal. Empieza el viacrusis de seguir médicos y más médicos. Visitas y más visitas. Le exploran analítica y radiológicamente, pero no encuentran nada sospechoso de momento. Sin embargo no mejora. Al final, después de haber estado internado en el Hospital de Granollers y en otras fechas en la Policlínica de Granollers, un especialista de estómago llamado Dr. Vecilla, en un momento dado, exclama: ya lo tengo, es cosa del urólogo. Debéis consultar con uno y él sabrá lo que hay que hacer. Así lo hicimos. Resultado: un tumor en la parte de los riñones.
¡Qué disgusto!. ¡Cuanto llegué a llorar!. Os voy a decir una cosa, queridos lectores: Me pasé toda mi vida viviendo con mis padres, apoyándome en ellos y casi diría sin darme cuenta de si los quería o no. Solo vivíamos, íbamos pasando los días como cualquier otra familia y con los antibajos normales que acostumbran a pasar. Pero aquéllo fué algo trágico. En aquél preciso momento fué cuando descubrí lo mucho y mucho que yo quería a mi padre. Creo que no nos damos cuenta de lo que queremos a una persona hasta que corremos el peligro de pederla. Entonces es cuando se te despiertan todos los sentimientos, todas las emociones y todo el cariño y amor que sientes hacia ella. Es cuando descubres en tu interior lo que es ser un hijo de verdad o más bien dicho lo que es tener un padre que siempre ha estado a tu lado y en todo momento te has sentido amparado por él.
Llamé a Margarita por telefóno y le comuniqué la mala noticia, sollozando amargamente, casi no me salían las palabras para explicárselo. Ella hizo lo que pudo. Me consoló, me alentó y me dijo que podía contar con ella para todo. Esto no cura, pero yo os digo que da una sensación de tenr a alguien que se preocupa por tí y por tu familia. Esta fué la primera demostración de lo que era el carácter de una chica como ella. Dice el refrán que "unen más las penas que las alegrías". Yo personalmente creo que es cierto. En estos momentos es cuando sabes a ciencia cierta quien es quien. Es cuando te demuestran las personas su bondad, su cariño y su comprensión. Esto no se adquiere en las fietas, juergas y celebraciones. En las penas es cuando se comprueba si una persona vale o no vale. Y Margarita lo demostró con creces. No nos dejó ni un momento, tanto a mí como a mi padre. Incluso cuando le era posible, se pasaba las mañanas o las tardes en la Policlínica en la habitación que ocupaba para ayudarle y hacerle compañía. Creo que fué muy bueno que estuviera con él, pues sé que mi padre comentó: "Estoy contento por que mi hijo estará en buenas manos". Claro que lo estuve. No me falló en ningún momento. En todo y para todo. "Esto es una mujer como Dios manda."
En aquel momento fué cuando me di cuenta que era entonces cuando se habían cambiado los papeles. Ahora era mi padre quien necesitaba de mí y yo tenía que corresponderle, pagándole con la misma moneda. Dándole todo el apoyo y amparo que necesitase. Y así lo hice. Me dediqué exclusivamente a él. Le llevaba cada quince días al Hospital para hacerle una transfusión de sangre, para recuperarle de la anemia que tenía, muy acentuada. No tenía apetito y estaba muy angustiado, agitado. Creo que veía que las cosas iban empeorando a pesar de los variados tratamientos que le hacían para recuperarle.
Sin embargo el médico dijo: Puede que sea sólamente un cálculo renal (una piedra en el riñón). Si es así está salvado pero si no................... Le operan en el Hospital de Granollers y cuando termina de la operación el urólogo Dr. Solé me comunica la mala noticia. Era un tumor, muy pequeño pero tumor. En aquél tiempo esta clase de tumores no tenían solución. Ahora es distinto. Casi todos se salvan.
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Llegamos al més de Agosto del mismo año y mi padre fallece. Es la primera pérdida importante que tengo en mi vida. Me queda una tristeza enorme, como cualquier persona que pierde a un ser querido. Solo tengo el apoyo incondicional de Margarita.
Un día mientras comíamos en mi casa, decidimos la boda para el 24 de Noviembre de 1.969. Hicimos los planes y ya de común acuerdo ella lo comunica a sus padres. Todo esto comporta un subcapítulo, pues se trata del acontecimiento más importante y feliz de mi vida.
REFLEXION: Colegas míos: No os dejéis arrebatar, como hice yo, por el miedo o la preocupación de que una chica puede rechazaros por el hecho de ser diabéticos. Los hombres no nos damos cuenta de la sensibilidad que tienen las mujeres en este aspecto. Si tú vales como persona, demuestras que eres honrado, que sabes desenvolverte por la vida y además se dan cuenta que eres más o menos inteligente, yo opino que no encontrarán motivo alguno para desestimar a la persona que las pretende. Saben amar y saben dar mucho más cariño que el que uno merece. Siempre dan más que los hombres (salvo excepciones, claro).
SUB-Capítulo.
Pasamos los tres meses haciendo preparativos para la boda. Yo estaba completamente convencido del paso que iba a dar. Ya sabemos que a cierta edad las personas tienen sus dudas, sus premoniciones, sus temores y ven fantasmas por todas partes, pero a mi no me pasó. Estaba completamente seguro. No tenía ni la más leve preocupación por lo que pudiera resultar de todo aquél acontecimiento.
Sin embargo, deseo hacer mención a un pequeño problema que surgió inesperadamente y que nunca había contado con ello. Margarita acudía a mi casa todos los finales de semana, para hacer los preparativos, pues habíamos acordado que habiendo transcurrido sólamente tres meses no podíamos dejar a mi madre sola y pasar a vivir a otro lugar. Sería una cosa provisional, hasta que los recuerdos estuvieran más difuminados y entonces adoptaríamos una postura diferente. No obstante ya se sabe, las cosas interinas son las que duran más en esta vida, pues nunca encuentras el momento del cambio. Resultado, que nos pasamos veintitres años en la misma vivienda.
Bueno, a lo que iba: Cuando faltaban quince días para la boda en uno de estos finales de semana, que ya estaban enviadas las invitaciones y una buena parte de los regalos ya habían llegado, se produjo lo siguiente: Acompaño a Margarita a tomar el autobús que debía conducirla a Arbucies y mientras esperábamos que llegara, en un momento dado, que yo estaba tan feliz y confiado, me miro la camisa y me faltaba un botón. Miro más abajo y veo que me falta otro. Exclamo: fíjate, me faltan dos botones en la camisa. En broma y como aquél que quiera hacerse el divertido digo: ¡Hombre, con dos mujeres en casa y aún tengo que ir con la camisa sin botones!. Madre mía, que dije. Ella no abrió boca, pero lo hizo peor. Se va en el autobús y sin mostrar ninguna reacción. No me dí cuenta ni que le hubiera sentado mal la broma que le hice. Al cabo de unos días recibo una carta en la que me comunica que quiere dejarlo todo; que renuncia a la boda y a todo cuanto comporta el "afaire" del casamiento. ¡Ahora sí que la hemos hecho buena! Me sentó la noticia como un tiro. No sabía qué hacer. No sabía como reaccionar, Estaba helado. Me preguntaba ¿Y ahora qué? Que va a pasar. Con la fama que tenía yo en el pueblo de que nunca me casaría. Pero no era esto lo más fuerte. Lo peor era que me perdía lo mejor que me había ocurrido a lo largo de toda mi vida, que era Margarita. Al final pensé que todo esto era consecuencia de los nervios que pasan todas las mujeres cuando están en vigilias de su boda, pero que ya se solucionaría . Así fué, transcurridos unos días las aguas volvieron a su cauce y todo se solucionó.
Estos días que pasé con la zozobra de no saber el final de este melodrama, me produjeron una diarrea que perduró hasta después de la boda. Os hará reir, pero la verdad es que no las tenía todas conmigo.
Llega el día de la boda, era un lunes radiante, presentaba un día espléndido que todo presagiaba buenos auspicios, felicidad a montones y la unión de dos seres que se amaban y querían compartir el resto de sus días, tanto en lo bueno como en lo malo. Y así fué. Veintisiete años maravillosos en cuanto a amor y cariño que nunca faltó. Llegaron mis familiares a mi casa de Lliçá, donde vivía. Nos embarcamos con los coches que cada uno había aportado de su propiedad (faltaban muchos de la familia, pues había una epidemia de gripe) y nos trasladamos a Arbucies. Llego a la capilla donde debía celebrarse la boda "Nuestra Sra. de la Piedad". Entramos dentro. Yo estaba muy tranquilo, sin nervios, muy feliz y contento. Al cabo de un tiempo llega la novia con todos sus familiares e invitados. En Arbucies había la costumbre de que hacían todo el recorrido a pie. El padre acompañaba a la novia por la calle y ella cogida del brazo. El resto de los invitados, detrás, en fila. Una costumbre ancestral pero llena de encanto. Eran muchísimos. Yo solo llevaba veinte, pero ella llevaba cien. Si se hubiese organizado una pelea, habríamos perdido con todas las de la ley. Pero no fué así. La celebración del matrimonio fué perfecta. Cuando ella llegó al altar, me quedé boquiabierto. ¡Estaba tan guapa!. ¡Tan hermosa! Era un sol. Nunca la había visto tan bonita ( y esto que lo era), tan espléndida y radiante. Fué como una revelación para mí. ¡Qué feliz era! Aquello era maravilloso. No entraba en mi mente que aquello me hubiera sucedido a mí. La celebración la hicieron dos curas. Uno era el del pueblo de Lliçá con el cual había una amistad muy profunda. Aún perdura., se llamaba Mosen Lluis Ferret. El otro era el de Arbucies, le llamaban Mosen Mel, era muy alegre y sabía rodearse de juventud; parece ser que armaba cada juerga (en el buen sentido, claro) que todo el pueblo estaba con él. Bueno, se celebra la boda, sigue el banquete en un hotel de Arbucies llamado Montsoliu. Y después nos desplazamos a Lliçá para recoger todo el equpaje que ya estaba preparado y a disfrutar del viaje de novios.
Pasamos dos días en Barcelona y después ya teníamos billete para ir a París en avión. Como que yo ya había visitado París y estaba tan encantado con esta ciudad, quise que Margarita también lo visitara y disfrutara como yo había hecho. Pasamos una semana maravillosa, riendo siempre con mis bromas, que por lo visto le encantaban. Visitamos todo. Torre Eiffel, Trocadero, Montmartre, Le sacré Coeur, Museo del Louvre, Versalles, Les Champs Elissées, Les Invalides, Notre Dame y les Tuilleríes. De noche acudimos a ver las revistas más de moda del momento. Moulín Rouge, Casinó, Le Lidó, Folies Bergère, etc. etc. Fué maravilloso y ella estaba deslumbrada. No cabía en su propia piel, estaba contenta, satisfecha y le gustaba estar conmigo y yo con ella. Ya sé, supongo que todos los novios tienen muy buenos recuerdos que también podrían contar, pero yo aprovecho mi espacio para relatarlo. "Pero ya lo dejo, no quiero ser un pelmazo y que el lector diga: Quería conocer experiencias de un diabético y resulta que me coloca todo su viaje de novios." Al respecto quiero hacer mención de que cuando profundizaré más en todo el asunto de la diabetes, será a mis cincuenta años, pues fué cuando de verdad perfeccioné el tratamiento y que aún vengo haciendo sin haber alterado casi nada desde este inicio. Si lo hice así fué por qué empezaban a manifestarse problemas de salud inherentes a la dulcinea.
"Hablemos un poco de la tan cacareada y antipática diabetes", pues se me ha ido el santo al cielo y lo dejaba a un lado. Mi enfermedad no fué ningún obstáculo para que todo fuera perfectamente. De vuelta a casa, las cosas fueron muy bien, salvo que Margarita tenía que aguantar una suegra "digamos muy quisquillosa". Yo me encontraba bastante bien, llevaba el tratamiento de mi dulcinea, lo más exacto posible; seguí con mi pinchazo una vez al día, mezclando veinte unidades de insulina rápida y treinta de Protamina Zinc y así iba pasando con mis altibajos pero bastante bien. No podía quejarme. Trabajaba, tenía una mujer encantadora, que me quería, que cautivaba a todos los que la trataban, yo ganaba dinero y la diabetes estaba, digamos que soportable. Yo como siempre quería organizar cosas y lo que primero me dí cuenta era que no podía tener dos mujeres en casa sin ocupaciones. Margarita tuvo morriña, añoranza y se le notaba. Pensé que lo mejor era colocarla en alguna parte. Y le encontramos un trabajo de perforista en la casa I.B.M.de Barcelona. Iba todas las tardes junto con unas amigas y esto le representaba relajarse y no estar siempre en casa con mi madre. Ella era feliz y yo también. Además ganaba dinero para sus gastos que esto es algo a tener en cuenta por todos los maridos. Los hombres no deben permitir nunca que su mujer tenga que pedirles dinero; siempre que se les antoje deben poder darse algún capricho o comprarse ropa u otras cosas. Dá igual, el caso es que tenga sus pecunios particulares. Les da cierta libertad y hasta diría que ayuda a bien llevar el matrimonio entre ambos.
Como que yo seguía estando bastante bien y ahorrando dinero, compramos un piso en Granollers, con la idea de que algún día iríamos a vivir allí , ya que yo tenía mi trabajo y prácticamente hacía vida en esta ciudad. También compramos un piso en Blanes para pasar los fines de semana y las vacaciones. Lo pasábamos muy bien los veranos. A finales de junio hacíamos cada año una excursión de una semana o quince días, según fuera el viaje, si en España o en el extranjero. En Blanes hicimos muchos amigos y cada verano terminábamos satisfechos de como nos había ido. Pasados dos años de matrimonio decidí operarme del otro oido. También lo hizo el propio Dr. Salvá como la primera vez. Todo fué perfectamente. Me dejaron controlar mi glucosa y mi régimen en la Clínica. Estuve ingresado tres días y recuperé bastante, quizá no tanto como la primera vez, pues tardé demasiado en hacerlo. Margarita lo pasó mal, pues durante la operación, con los nervios de punta, se mareó, vomitó y tuvieron que tratarla a ella. Recuerdo que una enfermera hizo un comentario muy salado que decía "En vez de quejarse el mulo se queja el carro" ¿Os dáis cuenta?, los diabéticos más o menos bien tratados, (mejor más que menos) siempre se salen de todo sin ninguna clase de problema.
El único problema que tenía yo en aquél tiempo era el de siempre, que ya he comentado en otras ocasiones. Como que no existían tiritas para analizar la sangre, a veces se presentaban hipoglucemias o bajadas de glucosa que eran de campeonato. Margarita sufrió mucho con esto. Aparte de ello y de que yo siempre estaba inapetente y bastante delgado, lo otro iba funcionando. Como ya debéis saber, esto de la diabetes es una enfermedad traidora, sumergida, que no te ataca enseguida, espera el momento oportuno con sus consecuencias y efectos tardíos, que solo se pueden evitar si uno es consciente de lo que tiene y sabe comportarse siempre en todo lugar, respetando las normas más elementales: Dieta, insulina y ejercicio.
SUGERENCIAS: Amigos míos, no os confiéis creyendo que no va a pasar nada. Es una creencia errónea. No digáis aquello que yo oigo infinidad de veces en algunos diabéticos. Dicen: Un día es un día "mañana ya me portaré bien."Si no os comportáis como es debido, sí que va a pasar y muy fuerte. Porque ya os digo, no avisa. Atiende agazapada, como si fuera un tigre a la espera de cazar a su presa. La única forma es controlando la glucosa en sangre, al menos tres veces al día. Tomando la insulina que corresponda (también tres veces al día como mínimo), haciendo la dieta bien equilibrada y practicando un ejercicio diario (sin que sea exagerado), tampoco es cuestión que sea de competición. Y a vivir, que si lo hacéis así, todo el resto de vuestra vida será aceptable, que valdrá la pena vivirla y que hay muchas otras cosas buenas con las que disfrutarla y saborearla. Todo esto lo digo yo ahora que estoy en las últimas versiones de mi tránsito vital y que tengo la suficiente experiencia para comentarlo en este sentido. Disfrútala, ámala, saboréala, sácale todo el jugo "que es más tarde de lo que crees".
Pasaron algunos años y no venían hijos. Reacción mía: claro como soy diabético, quizás no vendrán nunca. Aún tenía impregnadas en mi cerebelo todas las malas informaciones "negativas" de tanta gente que se afanó en un principio en insuflarme. No obstante al final decidimos ir a un tocólogo amigo mío. La visitó a ella y dijo que estaba muy verde. Que lo veía difícil pero que esperáramos un par de años para comprobar lo que pasaba. Pasado un tiempo, nos informaron que en Girona había un Ginecólogo muy bueno, llamado Dr. Muñoz. Según decían hacía milagros, pero yo os digo: esta clase de milagros no existen, o se és o no se és. Nos visitó a los dos, pidió un análisis de semen y a ella le hizo un reconocimiento total, con radiografías, etc. etc. Al cabo de quince días volvimos a la consulta y dirigiéndose a mí dice: Vd. puede tener los que quiera. Ahora tenemos que tratarla a ella, pues las trompas y la matriz no está desarrolladas. QQuizás dentro de diez años se presenta un hijo de sorpresa, pero de momento nada. Y si un día queda embarazada lo perderá. Y el segundo también y hasta el tercero. Resumiendo, no nos quedaba más remedio que esperar. Nos planteamos una adopción, pero en este sentido tengo que manifestarme culpable, pues no lo veía claro. Siempre exclamaba ¿ y si no lo quiero como si fuera mi hijo?. Así pasaron los años y al final se van aceptando las situaciones que la vida te depara. Resultado nos pasamos veintisiete años sin hijos pero debo decir que en estos momentos pienso que quizás por ello estábamos más unidos. El uno dedicaba al otro todo su cariño, toda la ternura, el respeto y la admiración y cuanto se pueda esperar de una unión maravillosa, que ojalá hubiese podido durar muchos años más. Pero fué así. La vida te depara unos flecos muy difíciles de superar, unas cargas que a veces piensas que no vas a poder soportar, pero que después lo aceptas porqué no hay otra solución y que hay que seguir hasta que llegue tu final.
Me defiendo muy bien en todos los aspectos de la vida. En la oficina voy escalando puestos de responsabilidad. Incluso fuí por cuatro veces consecutivas a hacer unas oposiciones a Madrid. Iba en avión y hacía el primer examen escrito. Transcurrido unos quince días o más debías volver, sólo a leer ante un tribunal lo que habías escrito en el anterior examen. Si aprobabas, entonces podías acudir a examinarte por segunda vez y otra vez a leer. Recuerdo que había 56 plazas para cubrir y nos presentamos seis mil. La primera vez ya quedaron eliminados un 80% y la segunda vez el resto, excepto 47 que aprobamos. A mi me adjudicaron el 45. De esta forma subí un grado en el escalafón de la plantilla nacional, lo cual me permitiría algún día ocupar la plaza de Jefe de la Agencia del I.N.P. de Granollers. ¡Que inocente era yo!. Después me dí cuenta que en aquél tiempo los cargos los daban todos a dedo, con la suficiente influencia para conseguirlo y las categorías se las pasaban por otro sitio. Sin embargo los últimos años que formé parte de esta Institución lo hice de Jefe.
"SEAMOS OPTIMISTAS"
Un optimista es una persona que te
mira a los ojos.
Un pesimista te mira a los pies.
Que lo que ayer fué pesar
hoy se torne en optimismo.
¡Que la fuerza de cambiar
no está más que en uno mismo!.
Chesterton.
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